Atahualpa Yupanqui |


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MI VIEJO POTRO TORDILLO

En la esquina del potrero estaba echao mi tordillo, como esperando a la muerte pa descansar un ratito. Las quijadas medio moras entecau y como un vicio entre las vistas gastadas de tiempo, sol y caminos, le enredaban el paisaje los zumbos del mosquerío.

Malhaya triste destino, los caballos argentinos

Yo andaba emparvando pasto cuando frenó con gran ruido un camión lleno de fletes, zainos, ruanos, bayos, pintos. El hombre me ofertó plata pa llevarse mi tordillo. Le dije: no muchas gracias" "pa que lo quiere" me dijo, "sí ya no sirve pa nada, y yo le pago ahora mismo y en vez de que muera aquí que muera en el frigorífico".

Malhaya triste destino, los caballos argentinos

Le dí las gracias de nuevo por no voltearlo de un chirlo, después atiné a decirle: "siga nomás su camino, déjelo al flete que muera la muerte que él ha elegido, en la pampa que él conoce, en su cielo y su camino ande se acaba el alambre y empiezan los espinillos.

Malhaya triste destino, los caballos argentinos

No sienta miedo ni pena, mi viejo potro tordillo, que a usted no lo lleva naide pál lao de los frigoríficos. Me voy a quedar medio solo cuando usted se me haiga ido, después que lo haiga enterrado ví a plantar un arbolito, una sombra pa la sombra del recuerdo de un amigo. Será como siempre como tenerlo conmigo, en la pampa que conoce, en su cielo y su camino, ande se acaba el alambre y empiezan los espinillos.

Malhaya triste destino, los caballos argentinos

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